Una Historia Sin Final: “Despedida Sin un Adiós”

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Era un nuevo día, al parecer el clima reflejaba mi sentir interno, la tristeza y la melancolía adornaba el tiempo junto con las nubes de color gris oscuro, tan oscuro que casi llegaba a negro dando alerta a una lluvia inminente que a su vez era una llamada de atención al deterioro, al mal momento y a la dolosa realidad.

Recuerdo aquel momento en especial, la despedida sin el adiós, la marcha sin las pancartas, a mi memoria llegan los momentos lindos que vivimos, suena a cliché pero me quiero quedar con eso y es por ende que las conversaciones, las faltas de respeto mutuas que nos hicimos y todas aquellas manchas que devaluaron nuestra relación, quedan en el olvido y a cambio de eso, adorno mi habitación con solo un cuadro.

Un marco adorna una imagen, una foto es lo que tengo justo en medio de mi habitación, miro y vuelvo a mirar lo que el primer vistazo me había confirmado “No conozco nada más hermoso que eso” siento que ni Pablo Picasso con todo su mundo abstracto pudiera explicar cuanta belleza hay en una sola fotografía, Salvador Dali comprende a la perfección al surrealismo pero le sería difícil explicar cuál surrealista es la belleza que emerge de esa fotografía, se dice que Vincent van Gogh estaba loco pero afirmo que si el pudiera ver lo que yo veo acabaría en un manicomio, me encantaría ver cómo es que Diego Rivera plasmaría tanta belleza con el contraste social y es que al verle … sigo sin creerle.

Se dice que el arte es la expresión de sentimientos o emociones a través de diversas ramas pero sinceramente creo que no hay arte mayor que esa foto, cosas tan simples como un cabello desarreglado, un maquillaje casi destruido por el calor que emerge del sol que claramente forma parte del paisaje, unos ojos brillantes que radian una luz que pega con tanta fuerza como la del sol y una sonrisa que pone celosa a la luna.

En frente de mi cama, justo donde se dicta la mitad de mi habitación está un marco color café que va a la perfección con mis cortinas y mi cama, un marco que vela noche tras noche la fotografía más hermosa que tengo y he visto… tu foto.

Tu foto adorna todas mis mañanas, mis tardes y  mis noches pero a veces los adornos por muy lindos que sean, no hacen sentir paz y tal vez si decores mi habitación pero desarreglaste mi alma y mi ser.

Lo lindo de afuera no siempre es igual que el interior, mis días son más grises desde que empecé a ver la hermosura de tu ser comparándola con los días, hay un contraste enorme ya que tu conmigo te veías preciosa mientras que tu sin mí te sigues viendo bella pero yo sin ti … hace que la noche sea más oscura.

Me levanté con el alma en pedazos, es verdad que me despedí sin decir adiós, muy dentro de mi quería que te fueras sin hacer ruído, despacio y lento creyendo que la agonía sería más tolerable y poder escuchar cada segundo, cada minuto, menos y menos tu voz.

Tengo miedo de enfrentar mi vida sin ti, seré sincero y pensaba que mi vida eras tú, llegué a pensar que en tu ida te llevabas la vida y entiendo que debo irme, no sé a dónde iré pero me marcharé, en tu partida me queda recordar que el amor espera.

Ojalá hubiera un manual donde mencionara como es que puedo olvidarme de ti, no prometería que lo hiciera pero sí que lo intentaría ya que no hay un comienzo sin un final, de mi te deber marchar para continuar y eso haré también porqué tu fotografía me grita que la vida es corta para las víctimas del tiempo y del destino.

Todo me es difícil, tú escribiste mi libro sin que formaras parte de la historia, saqué tiempo para derramar mis versos sin vivir en este universo y lloro por no haber valorado lo que hoy valoro.

Antes de irme quiero que entiendas que tus defectos es el brillo de mis tesoros, sé que dejaste un camino y yo me pierdo por pisar tus huellas dirigiendo mi camino hacia ti “Luna, tú que la ves, dile en voz baja que mi último suspiro es dado a que mañana no estará más”.

Amar como te amo no es normal y es verdad, llegué al límite de la locura aunque me digan loco por saber amar, soy un loco de amor, un bohemio demente que ahora entiende que simplemente no funcionó.

Creo que las personas tienen por dentro un reloj que determina quienes fuimos, somos y seremos, espero el mío avance rápido, me hace falta sentir el calor de tus caricias, conversar frente a las estrellas o sentir la brisa de una marea alta, me encantaría escuchar esa voz que es dulce.

Sentado en la cama durante cada noche y cada madrugada soñando despierto hablando con mi almohada, todo pasa cuando más te necesitaba, no me explico el fallo y trato de sanar lo que tu adiós dejó.

Volteo el cuadro justo cuando las manecillas del reloj marcan las 12 de la noche indicándome que es momento de seguir.

Sigue a Mario Revilla.

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La imagen puede contener: Mario Revilla, sentado

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