Una Historia Sin Final: “INSPIRA”

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Era un día diferente, desde el clima frío hasta los árboles secos que forman parte del paisaje, todo hace que me sienta algo raro, cansado, fatigado, nada de eso cambia el hecho de que tengo la encomienda de ir como voluntario a un lugar que por décadas ha visto a miles de personas morir, un edificio que está a las afueras de la ciudad, allá donde no pueda ser apreciado ni intoxicar el aura de una ciudad que a leguas se caía a pedazos.

Un hospital que funciona también como orfanato es el lugar que me espera, no sé qué es lo que pueda encontrar ni a quienes vaya a conocer pero por el título y la descripción, no tengo ganas de ir.

Me dirijo a mi auto para poder llegar a tiempo al hospital, para ser sincero, si llego o no a tiempo, no es algo que me tenga muy preocupado, prefiero llegar y eso es todo.

Pasando barrios, bulevares, recintos reconocidos y con historia en la ciudad, veo a lo lejos el punto marcado por el mapa el cual es “Destino” desde varios metros atrás puedo sentir escalofríos por todo mi cuerpo, al  ver la fachada de un edificio que durante años estuvo abandonado, mi cerebro llega a la conclusión que lo que siento es temor, no era muy normal que quedase a las afueras una obra tan horrible, una obra que sigue sin terminar y peor aún, se puede apreciar el derrumbe de algunos muros y paredes que hacen a la edificación un lugar poco habitable.

-“Señor Iker, si gusta puede dejar su auto en la parte de atrás, hay mucho espacio y los niños seguramente no se acercarán a él.”

Una mujer en uniforme de color blanco me comenta, deduzco que es una enfermera pero lo que me sacó de mí pensar es que no se me había informado que vendría a ver a niños, yo no tengo paciencia, me desesperan al punto de querer ahorcarme.

Bajo la ventanilla de mi auto y respondo: -“Perdone, ¿Acaso dijo niños?” En un tono de molestia y sorpresa dirijo mi pregunta a aquella señora que se veía con un aspecto deteriorado por los años o quizá por el trabajo, no debe de ser fácil laborar aquí.

-“Si señor, este es un hospital para niños con cáncer, por desgracia no tenemos los recursos suficientes y los infantes se quedan aquí para vivir, algunos son huérfanos, otros simplemente los abandonaron a las puertas del edificio, casi nadie tiene familia más que la que hacen estando dentro.”

La mujer en ningún momento se exaltó, a pesar de que mi enfado era muy notorio, ella seguía muy tranquila.

-“Está bien, entre más rápido termine con esto mejor, ¿A dónde debo ir?”

-“Debemos pasar a la zona de casilleros, no se nos permite meter ningún artefacto como celulares, billeteras, relojes, pulseras y cosas que los niños puedan quitar o romper.”

¿Romper? ¿Quitar? No sé a dónde diablos me metieron pero estoy convencido que ahí adentro no me espera nada bueno.

-“De acuerdo, la acompaño pero si le pediré que se le ponga suma atención a mis cosas, no me importa si una persona debe hacer una guardia entera, no quiero que nada malo les pase y estoy seguro que ustedes tampoco lo quieren ¿Cierto?”

Fue ruda pero concisa mi respuesta, no iba a permitir que mi reloj Hublot, mi cartera de cuero Gucci, les pasara algo por la culpa de unos traviesos o el descuido de un trabajador.

-“Queremos que su estancia aquí sea lo menos infeliz para usted señor Iker, estamos al tanto que viene por órdenes del club al que juega que por cierto son unos de nuestros más grandes donantes, no queremos que por un descuido o la imprudencia de un pobre niño se acabe.”

Fue el único momento en el cual noto un poco de molestia en la enfermera, aun así no me importó, yo no quería estar ahí.

-“Pensamos igual, estacionaré el auto, ya vuelvo.” Subo el vidrio de mi vehículo.

Me aparco justo donde me dijeron que lo hiciera, al dirigirme con la trabajadora, a lo lejos veo que viene en una velocidad moderada un balón de futbol, una bola vieja, desgastada, sin aire que funciona sólo para hacer creer a los niños del lugar que realmente están jugando.

-“¡Bolita, bolita!” Es lo que escucho a lo lejos, un niño con una palestina en la cabeza y entre dos piedras enormes que simulan ser una portería, me estaba gritando. No le hice caso y deje que la esférica o lo que quedaba de ella siguiera su camino.

-“Aquí es señor. Seca y sin ningún gesto es como se dirige la enfermera a mí.

-“Gracias… ¿Cómo me dijo que se llama?” No recuerdo que me hubiera comentado su nombre.

-“No se lo dije pero eso no importa, al final del día seguramente no lo recordará, pase buena tarde señor.”

Por algún motivo, ese comentario si me dolió pero ya era momento de entrar y me ubico justo en los casilleros en donde dejo mis cosas en un cuadro de metal oxidado, fácilmente las personas podrían abrirlo sin ningún problema pero la gente de ahí quieren hacerte creer que es seguro y te dan una llave, esto no sirve de nada pero enojarme tampoco ayuda.

Ahora no sé qué hacer ni a donde ir pero se me acerca una mujer con ropa de casual y unos tenis, de inmediato pienso que es una trabajadora más y me hago el tonto despistado.

-“Buenas tardes señor Iker, estamos contentos y honrados por su visita, esperamos que la pase muy bien, ayudar es un don que no a todo el mundo se le da. Soy Mariana Ramírez, directora del lugar. Sé que es su primera vez aquí y por ende dejaré que escoja cualquiera de nuestras salas, puede escoger entre el patio, el comedor, la cocina, las habitaciones o ir al hospital a visitar a nuestros niños que son atendidos en este momento. Déjeme decirle que los niños de este lugar son muy fan del equipo donde juega y varios de aquí pintan sus playeras o batas con el número 97 en honor a usted, es un ejemplo que muchos mocitos siguen, les hará mucha ilusión verlo.”

No puedo creer que ella sea la jefa, ¿Enserio? Es difícil de creer pero admito que su sonrisa es linda, parece que nunca se molesta y tiene ángel lo cual me transmite una energía muy buena.

-“Me agrada escuchar eso, para ser sincero no tengo ni idea de a dónde dirigirme, ya lo dijo usted, soy nuevo en esto así que puedo escuchar sugerencias de su parte.”

-“Normalmente la gente que llega sin un propósito a nuestras instalaciones, se va con una o más metas a cumplir, le recomiendo que ante todo, escuche a la gente, es difícil creer que no somos el centro del universo pero es verdad, usted puede ir a cualquier lugar de aquí, estoy segura que lo van a acoger de la mejor manera.”

No entendí mucho de lo que dijo, para resumirlo, creo que puedo ir a donde quiera y eso haré.

-“Gracias, tomaré en cuenta los lugares que me comentó, de momento quiero observar.”

-“Recuerde señor Iker, cada persona tiene una historia que contar, cada niño de aquí es un mundo que explorar, mantenga bien abierto sus ojos y su mente, si necesita algo, hágamelo saber.”

Comencé a recordar si todo lo valioso lo había dejado en el casillero, si debo mantener mis ojos abiertos es por algo así que decido darle una última checada.

Camino y camino, veo gente trabajando con niños y niños conversando con gente, podría decir que incluso los niños se ven felices, no entiendo porque si se supone que están enfermos.

Mi caminar me hace llegar a la zona donde hay niños en etapa terminal, hay delante de mí un letrero que indica ¡Sólo personal autorizado! Los escalofríos invaden nuevamente mi cuerpo, la indecisión de entrar o no entrar se hace presente.

Creo haberlo visto todo, tengo la autorización de entrar a donde yo quiera pero mejor me voy de aquí. El rechinido de unas llantas suena, una camilla entra en escena cargando a una niña, una niña hermosa, ojos claros y una piel blanca llena de venas por tanto medicamento y procesos médicos, unos 8 años cuando mucho le calculo, lo difícil de ver es la expresión triste con la que se maneja la infante, no es normal, se ve que ella sabe que puede morir y en su rostro está la amargura y decepción.

-“¡Hey, hey! ¿A dónde la llevan?” Es la pregunta que sale de mi boca. Uno de los camilleros me ve fijamente y responde: -“La llevamos a su cuarto, es momento de que descanse.” En eso, el camillero me da la espalda y se escabulle con la niña a la habitación.

Espero unos segundos para que la gente dentro del cuarto se vaya y yo pueda meterme sin hacer ruido.

Pasaron dos minutos y por fin puedo moverme, llego al cuarto, un paradero frío, muy frío, me percato que la niña está en la esquina y voy con ella.

En un susurro digo: -“Oye, oye, ¿Estás bien? ¿Cómo te sientes?”

-“Estoy bien, quiero dormir ya.” Me contesta la niña que más que cansada, está triste.

-“¿Dormir? ¿Cómo que dormir? Vamos a jugar, allá afuera están todos los niños jugando ¡Vamos!”

-“No quiero jugar, quiero dormir.” No era normal la tonalidad de su voz.

-“No te dejaré dormir, al menos déjame contarte un cuento.”

-“¿Un cuento sobre qué? ¿Sobre cómo la vida es feliz, un cuento donde se disfrace la realidad de las cosas o mi favorito, uno que termine con un “Fueron felices para siempre”?” Sin lugar alguna es la respuesta más triste que he recibido, no tengo nada que decir, me ha dejado mudo.

-“Lo imaginé, por favor, déjeme dormir.” Irritada, molesta es lo que la niña estaba.

-“Seguramente un cuento te hará sentir mejor.”

-“¿Puede voltear a su alrededor? Dígame ¿Qué ve?”

Un par de preguntas un tanto inusuales pero estoy determinado a responderlas, mi vista se pierde en toda la habitación y puedo ver niños, muchos niños acostados, algunos con tubos en su cuerpo, otros conectados y la gran mayoría de ellos sin cabello.

-“Hay muchos niños que esperan mejorare para jugar.” Es mi respuesta final ante los cuestionamientos que me hizo.

-“Error, son niños que esperan morir porque saben que van a morir, unos más tarde o temprano que otros, pero dese cuenta que todos aquí estamos condenados a lo mismo, ustedes creen que hay salvación pero esto es algo insalvable, lo único que nos gusta es dormir, así mínimo tenemos un momento de paz.”

En ese momento la niña se voltea y me da la espalda, me levanto y decido irme, parado a punto de salirme, le dedico a la niña unas cuantas palabras.

-“Luchar cuando sabes el motivo de la lucha te hace conocedor, luchar sin saber el motivo de la pelea te hace ignorante, pero luchar sabiendo que la batalla está perdida te hace valiente, no porque afrontas tu destino, si, no porque a pesar de saber que perderás sigues batallando y eso te hace un guerrero. La vida no es para los cobardes, es para la gente que decide quitarse excusas y comienza a afrontar su destino de manera valiente, las personas no recuerdan al que perdió, la gente recuerda al que ganó, al que luchó, al que dio todo de sí.”

-“¿Si hago eso, qué gano”?

-“El respeto y la admiración de los demás, logras inspirar a la gente, repercutir en un corazón ajeno es lo más difícil de lograr, no importa si vives o mueres, las personas son olvidadas, lo que importa es lo que haces en vida, yo te veo viva pero con la esperanza muerta y déjame decirte que nuestras acciones repercuten en la eternidad y es ahí donde yo estaré, no sé tú pero quiero que me recuerden por algo más que no sea derrotarme antes de pelear en la batalla, una guerra que se llama vida.”

El crujir de una cama vieja se escucha, los pasos de una niña se oyen –“Mi batalla se llama cáncer, quiero inspirar a la gente como tú me inspiraste a mi ¿Me dejas hacerlo a tu lado prometiendo que pase lo que pase seré recordada como una guerrera que lo dio todo en su pelea?”

Una lágrima cae de mi rostro, un nudo en la garganta se hace más grande y de mi boca sale: -“Déjame decirte que ya vas ganando esta pelea.”

Estoy de espaldas y siento la mano fría de la niña tomar la mía.

-“¿Por qué voy ganando si siento que estoy perdiendo?”

-“Por el hecho de querer pelear y porque me acabas de inspirar.”

-“Entonces en esta batalla vamos 1-0”

Fragmento dedicado a todas las personas que luchan en contra de cualquier tipo de cáncer, son unos valientes y ustedes INSPIRAN a todo el mundo, luchemos juntos.

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