Una Historia Sin Final: “Continuar con Fantasmas”

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Estaba en el mismo café, pedí una bebida más fuerte de lo normal, necesitaba algo que me hiciera olvidar, sé que no lo lograría así pidiera ron o agua ardiente, su imagen ya estaba muy dentro de mi mente.

Vi varias parejas, algunas peleando, otras mostrando su afecto y en todas las situaciones solo podía imaginarla a ella, a nadie más, sólo buscaba entre la gente aquellos ojos hermosos que son la marea alta de mi mar, buscaba aquella boca pequeña que es la lava de mi volcán, buscaba y buscaba pero no encontraba la razón de mi desolación que se acrecentaba en cada beso que los enamorados en frente de mí se daban.

Solo puedo recordar su timidez, la primera vez que la vi, agitada por la caminata, nerviosa por verme, angustiada por saber que pasaría… recuerdo la hermosura de su figura y aquellos mensajes confusos que dejaban entrever las ganas que tenía de conocerme y a su vez lo aterrorizada que estaba de sólo imaginar que yo pudiera robar su corazón sin imaginar que lo que realmente quería era robar su alma para que en cada beso, en cada caricia, su corazón palpitara haciéndole saber que yo era el indicado.

A pocos minutos de envolverme en mis pensamientos, llega una señorita con un aspecto muy familiar, podría decir que mis ideas habían cobrado vida y que estaban justo enfrente mío pero dándome la espalda.

-“¿Será o no será?” Es la cuestión que atrapa mi atención, trato de verla pero es prácticamente imposible, mucha gente estorba en mi visión y me es complicado observar tan bella silueta que se asemeja mucho a mi pensar figurada en una mujer que tiene nombre y apellido pero que yo apodé “Amor de mi vida”.

Por fin se ha sentado, llama al mesero y puedo ver su perfil, juraría que es ella, me dispongo a levantarme y acercarme a su lugar para entonar un par de palabras para dejar entre ver mi interés.

El mesero llega a su mesa con un café helado, en ese momento siento un vacío enorme en mi cuerpo, me paralizo por un par de segundos ya que el café helado es lo que mi amada siempre pedía.

Me levanto de mi lugar, el café que estaba tomando cae al suelo, todos en el lugar voltean incluyéndola… puedo apreciar como mueve su cabello y con un gesto de temor y sorpresa se me queda mirando… Hay días en los que te sientes mal y pasa algo que te hace sentir peor, ese día era uno de esos en donde yo me sentía la persona más estúpida del mundo dado a que no era ella, mi cabeza me jugó una mala pasada, pido disculpas al mesero y a las personas que vivieron ese momento vergonzoso pero más que vergüenza, sentía lástima y pena por mí.

Decido irme del lugar con una tristeza que no había experimentado, de momento la mirada de aquella chica choca con la mía, agaché la cabeza y sentí en mi hombro una mano, escucho una voz bastante agradable que dice: -“¿Estás bien?”

Levanto la mirada y para mi sorpresa es esa chica que se robó mi atención por creer que era alguien más.

-“No” fue lo que respondí seguido de un: -“Estoy perdido, extrañarla es la peor manera de recordar cuanto la quiero.”

En mi interior quería que viera como es que estaba, a punto de emborracharme  para combinar su canción con un par de tragos de alcohol y seguir recordando que tan duro es amarla y no tenerla.

Ahora me toca beber para olvidar y servir tragos dobles de whysky con tequila para no más recordar sabiendo que me ahogaré en licor, a pesar de que haya pasado el tiempo sigo tan enamorado pensando en todo lo que ha pasado pero sé que la luna siempre le recordará que aún la extraño y que sin su amor soy un vagabundo sin sus labios que han sido mi droga, esa droga que no tiene cura más que el olvido y hoy por hoy, olvidarla cuesta demasiado caro y no tengo como para pagar dicha cura, me toca resignarme y continuar aunque duela, debo continuar.

Sigue en el crecimiento de Mario Revilla como el autor más joven de Guanajuato que rompe y a su vez repara los corazones de todos.

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